Las aguas del río Chengue eran sagradas para los indígenas que habitaban la región mucho antes de la llegada de los conquistadores. Se decía que sus corrientes, lentas y brillantes como el metal bajo…
la luz del sol, tenían propiedades curativas, capaces de sanar cuerpo y alma. Pero el río no era solo un bálsamo; también guardaba sus misterios y castigos.