Hermanos y hermanas: En nuestro mundo confluyen el bien y el mal, no existe en la tierra un paraíso y todos tenemos que aprender a aceptar esta realidad. El mal crece en medio de bien. Incluso nuestro corazón experimenta los más nobles sentimientos y otras veces, las más bajas pasiones. A pesar de esto, el Señor es rico en misericordia, y así, después del pecado, tenemos la ocasión de la reconciliación y el perdón.