El día de nuestro bautismo tuvo lugar un rito lleno de significado: a nuestros padres y padrinos se les entregó la luz, una vela encendida, diciéndoles que recibieran la luz de Cristo. El bautismo es posibilidad de recibir la luz de Cristo, y así lo declara hoy san Pablo en la segunda lectura. A los cristianos de Éfeso el apóstol les dice que antes eran tinieblas y ahora son luz en el Señor. El pecado produce permanencia en las tinieblas, cerrazón a la claridad. Cristo, salvándonos, nos ofrece la luz, permite que vivamos en claridad. Conviene recordar, entonces, que ser luz significa caminar por el mundo en la bondad, la justicia y la verdad. Ser cristiano es un modo de conducirse por la vida, a partir del encuentro con Jesucristo que se convierte en luz para el creyente, liberándole de toda oscuridad.