El Oyente de la Palabra

La luz que nos hace ver


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La primera lectura nos presenta una escena sencilla, pero profundamente reveladora. Samuel llega a la casa de Jesé para ungir al nuevo rey de Israel. Cuando ve al hijo mayor, piensa inmediatamente: “Éste debe ser el elegido.” Pero el Señor le corrige:

No te dejes impresionar por su aspecto ni por su gran estatura, pues yo lo he descartado, porque yo no juzgo como juzga el hombre. El hombre se fija en las apariencias, pero el Señor se fija en los corazones”.

Esta frase nos introduce en el camino espiritual de la Cuaresma. Nosotros solemos mirar desde fuera: las apariencias, la fuerza, el éxito. Pero Dios mira el corazón.

Samuel pasa uno por uno a los hijos de Jesé. Siete veces piensa que alguno de ellos será el elegido. Y siete veces se equivoca. Finalmente pregunta al padre: ¿Son éstos todos tus hijos?” 

Jesé responde: “Falta el más pequeño, que está cuidando el rebaño”.  

La Escritura dice: “El muchacho era rubio, de ojos vivos y buena presencia.” 

Ese pequeño, el que ni siquiera había sido llamado al principio, es el elegido de Dios.

El elegido de Dios no es el que parece más fuerte, sino el que está disponible para Él. Y dice la Escritura: “A partir de aquel día, el espíritu del Señor estuvo con David.

En el Evangelio encontramos otra forma de ceguera. Jesús ve a un hombre ciego de nacimiento, y los discípulos preguntan: “¿Quién pecó para que naciera ciego?

Buscan culpables. Pero Jesús cambia completamente la perspectiva. No se trata de explicar el pasado, sino de revelar lo que Dios quiere hacer ahora.

Y entonces Jesús pronuncia una frase decisiva: “Mientras estoy en el mundo, yo soy la luz del mundo.

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El Oyente de la PalabraBy Padre Luis M Flores Alva