Era uno de aquellos duros inviernos de Praga. Ese 16 de enero de 1969, la ciudad caminaba con cuidado, como si temiera despertar algo que duerme bajo la nieve. Hace apenas unos meses, los tanques soviéticos habían aplastado la Primavera de Praga. Lo que quedaba era silencio, resignación, miedo. Y una pregunta que flotaba en el aire helado: ¿hasta cuándo?