Cada acto que cometemos lleva su firma, su sello de brutalidad. No hay remordimientos. Solo oscuridad, iluminada por su sonrisa torcida y ojos vacíos. Me aferro a su presencia, mi única constante. Ella me guía en mi trabajo, me enseña a destruir con precisión. En esos momentos de silencio, siento que ella disfruta tanto como yo, o tal vez más.
En Shadowhaven la justicia es como el orgasmo de una puta: todos dicen que existe, pero nadie lo ha visto nunca en realidad.
Las historias que vas a escuchar tienen sexo sucio, violencia gráfica, y personajes que no te van a caer bien. Porque en en esta ciudad nadie cae bien. Todos apestan a miedo, a traición, a carne podrida.
Soy Markus E. Malkavelkian, y esto es Shadowhaven. Cierra los ojos y disfruta tu bienvenida al matadero.