Me llaman Alexander “El Diablo” Jones. No porque disfrute del fuego, sino porque sé cómo avivarlo. He visto el alma de los hombres arder y he sido el que empuña el cerillo. Durante años, fui el rey de las sombras, el dueño de cada calle, de cada susurro temeroso que se escondía en los rincones oscuros de este maldito lugar. Pero el poder es una amante traicionera, y cuando menos te lo esperas, te escupe en la cara y te deja en el frío.
Veinte años. Veinte jodidos años enterrado en una celda, mientras el mundo seguía girando sin mí. Shadowhaven, la ciudad que moldeé a mi imagen, siguió su curso. Y yo... yo fui olvidado. Pero el diablo nunca muere. Solo espera su momento.
No soy el mismo hombre que entró en prisión, pero esa no es una mala noticia para nadie... excepto para los que me traicionaron. Los que se quedaron con mis tierras, mi respeto, mi poder. Ahora, estoy de vuelta, y no vengo a recuperar lo que era mío. Vengo a tomar mucho más.
El viento golpea mi cara cuando cruzo las puertas del infierno que me retuvo. Puedo olerlo en el aire... miedo, desesperación, ese aroma familiar que me dice que el mundo aún me necesita. La gente siempre se aferra a la esperanza de un salvador. Yo soy la jodida pesadilla que los despierta.
Hoy empieza la cacería. Shadowhaven no lo sabe aún, pero el rey ha regresado. Y esta vez, no habrá misericordia.
Soy Alexander “El Diablo” Jones, y he vuelto para reclamar lo que es mío.
En Shadowhaven la justicia es como el orgasmo de una puta: todos dicen que existe, pero nadie lo ha visto nunca en realidad.
Las historias que vas a escuchar tienen sexo sucio, violencia gráfica, y personajes que no te van a caer bien. Porque en en esta ciudad nadie cae bien. Todos apestan a miedo, a traición, a carne podrida.
Soy Markus E. Malkavelkian, y esto es Shadowhaven. Cierra los ojos y disfruta tu bienvenida al matadero.