Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis dominaron la técnica de producir billetes de banco extranjeros con tal precisión que por años lograron infiltrarse en los circuitos financieros mundiales sin que se notara el subterfugio. Lo hicieron principalmente con la libra esterlina y ya estaban a punto de imprimir dólares técnicamente perfectos cuando la guerra en Europa terminó. El objetivo era inundar el mundo de libras falsas para desestabilizar la economía británica y dejarla inerme ante el Tercer Reich.