El olor a café es uno de los aromas más agradables , más dulces, más seductores, más atrayentes que existen. Al olerlo, al percibirlo nos dejamos atrapar por su embriagador hedor. Si este bálsamo lo extrapolamos por ejemplo a una mujer es muy posible que sin ella pretenderlo nos esté seduciendo. Esto mismo es lo que nos ha sucedido con una genial y excelente colección de relatos "La Mujer que huele a café" del muy, muy buen escritor Miguel Rodríguez Otero, que ha editado y publicado Ediciones Erradícame de nuestra muy buena amiga Estefanía Farías. Obviamente "La Mujer que huele a café" es un título ficticio, una metáfora detrás de la que se esconde... En la cotidiana realidad no es usual que nos encontremos a una femenina que huela a esa atrapadora esencia que desprende un alimento tan vetusto y tan corriente como es el café. A mi juicio este epígrafe es un pretexto para adentrarnos en unas narraciones repletas de binomio muy arcaico como la existencia del ser humano: el amor y la muerte violenta en forma de homicidio o asesinato. A esto hay que añadir la crudeza, el dramatismo, y la amnesia. Esta violencia, este mal está efectuadas por personas con caracteres psicopáticos, que no se quieren a sí mismos, que buscan en la muerte violenta de sus víctimas una redención personal. Son a mi entender unos desesperados, unos consumados perdedores, unos genuinos antihéroes no solamente matando sino también amando. Los relatos de "La Mujer que solo huele a café" son bastante profundos, con una gran negritud de los que a simple vista nos pueda parecer. Detrás de cada palabra, de cada frase, expresión o giro gramático-lingüístico no solo existen múltiples metáforas, aforismos sino preguntas que pueden tener o no respuestas para aquellas personas que como yo han tenido el hermoso placer de leerlos. Les pongo como ejemplo dos frases que he entresacado de ellos: "Los principios solo albergan preguntas nunca respuestas". "Las desgracias no suceden hasta que uno no se pone a examinarlas". Por otra parte, durante su fluida y entretenida lectura he dejado volar mi mente no solo hacia lo concreto sino también hacia lo abstracto. Esto último lo he percibido en algunas narraciones del libro. Las mismas son muy abiertas y de variadas y múltiples interpretaciones. Aparte de que su lectura es muy fácil. Les aseguro que no tendrán ningún problema para entender su sencillo y por ende fácil vocabulario. "La mujer que huele a café" de Miguel Rodríguez Otero está y estará en los estantes privilegiados de la biblioteca radiofónico- sonora en por supuesto "Letras Encadenadas".