Las sociedades humanas se vertebran sobre el lenguaje. El lenguaje produce signos y símbolos, crea cultura. En la cultura crecemos, nos desarrollamos, establecemos redes sociales por afinidad: familia, amistad, profesión, religión… La cultura determina patrones de comportamiento, ofrece cosmovisiones particulares, establece rangos de identidad, proclama diferencias, implica toma de posiciones. Esta es la razón de que el llamado “Diálogo Interreligioso” deba producirse inicialmente sobre características culturales definidas, no sobre el ámbito estricto de la religión. Es un reto, sin duda alguna.
Por otra parte, la cultura modela la forma de relación entre los sujetos de dicha cultura. Algunos de estos patrones son universales; esto es, se producen en cualquier ámbito, por ejemplo, el sentido de pertenencia a una comunidad o las expresiones de algunas emociones como el miedo o el gusto por el chismorreo, el cotilleo o la murmuración.
Continuamos el programa con un comentario sobre la mística del desierto y acabamos con un texto de José Luis Vázquez Borau, escritor, profesor de ciencias religiosas y fundador de la Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld.