La iglesia de Nuestra Señora del Carmen de López Lecube, desde lejos, parece un espejismo. Se recorta contra el cielo, como una postal suspendida en el tiempo, en un vasto paisaje. Por momentos, da la sensación de haber brotado de la tierra. Pese a ser una de las perlas de Puán y una de sus mayores atractivos turísticos, su deterioro avanza inexorablemente. Los techos están rotos, hay goteras, humedad y sus majestuosos vitrales delatan la falta de piezas que se han ido perdiendo. No obstante, la belleza de su estructura y sus monumentos internos de mármol de Carrara, traídos desde Europa por encargo de Ramón López Lecube, unidos a su historia, hacen que el lugar conserve su valor místico y sea valorado por turistas y visitantes.