Celia Sueldo, una vecina de Goyena, pueblo de Pigué de unos 500 habitantes, se reunía cada tarde en su casa con un grupo de mujeres cuando los chicos estaban en la escuela para enseñarles a coser con la idea de generar un emprendimiento productivo a futuro con salida laboral para todas. En esos encuentros, usaban una máquina propia y una prestada. A medida que fueron avanzando en esta actividad, se dieron cuenta de que si querían tomar pedidos grandes, capacitarse y despegar como emprendedoras, debían tener más herramientas, porque eso les iba a permitir trabajar más rápido y en menos tiempo.