El 30 de agosto de 1990, Azucena Liévano y sus colegas periodistas fueron a entrevistar al “Cura Manuel Pérez”, miembro del Ejército de Liberación Nacional (ELN). Aunque la producción había sido amplía, y creían tener todo listo para narrar una historia necesaria en momentos de alta tensión, les faltó contar con el detalle traicionero al que han estado expuestos cientos de reporteros: las trampas de actores armados para desquitarse con quienes cumplen la responsabilidad de informar a la ciudadanía.