Un uruguayo en Australia cuenta una anécdota de Halloween. Un fin de semana, él y tres amigos decidieron escapar de la rutina e irse de camping en un lugar remoto. En el camino, compraron cervezas artesanales de un vendedor extraño y ya en el campamento, borrachos, comenzaron a contar historias de terror. En la noche, escucharon ruidos inquietantes y un amigo, envalentonado, salió a investigar, solo para regresar aterrorizado. Pensaron que algo paranormal ocurría, pero a la mañana siguiente descubrieron que los ruidos provenían de una pareja teniendo un momento íntimo cerca de su campamento. Con humor, concluyen que el miedo los hizo ver fantasmas donde no los había.