Ingrid estudió para ser enfermera y nunca se imaginó que el chocolate le ayudaría a salir de la situación de conflicto que se vive en su territorio. Con el impulso de su padre y algunas capacitaciones, ha encontrado la fórmula secreta que no solo le ha servido para superar sus dificultades, sino también para apoyar a mujeres que han sido víctimas de la guerra y familias que decidieron reemplazar los cultivos de uso ilícito por el chocolate.