Nuestro programa de hoy ha sido un ejercicio de pensamiento crítico frente a la rutina y la indiferencia que nos rodea, comenzando con una reflexión profunda sobre el genocidio de Ruanda, no como una página pasada de la historia, sino como una advertencia vigente sobre cómo los discursos de odio y la deshumanización del otro, alimentados por propaganda institucional, actúan como el preludio necesario de la barbarie. También trasladamos la mirada hacia la Semana Santa, planteando desde el agnosticismo una duda, que nos parece honesta: ¿es esta tradición una manifestación de fe genuina o una forma de evitar las preguntas incómodas sobre nuestra propia existencia, aferrándonos a costumbres que no siempre sabemos explicar? Esta inquietud por el sentido de la vida se extendió a un cuestionamiento sobre el bienestar, rebatiendo la tiranía de la felicidad impuesta por el consumo y reivindicando el valor del silencio, el miedo y la coherencia personal frente a la urgencia del ruido mediático.
En esa misma línea, se denunció la crisis de un periodismo atrapado entre presiones económicas y políticas, donde la libertad de expresión se confunde a menudo con la saturación de mensajes vacíos, subrayando el papel esencial de las radios comunitarias para rescatar las historias locales que el relato global intenta invisibilizar. También... la crítica a la gestión pública se centró en la eterna promesa del tren en Gran Canaria, un proyecto que tras veinte años se ha convertido en un símbolo de la desidia administrativa y la falta de visión ante la emergencia climática, contrastándolo con la lentitud agónica de la MetroGuagua. Finalmente, abordamos la herida abierta en el bolsillo del ciudadano: el alto coste de la cesta de la compra en Canarias. Se analizó cómo nuestra peligrosa dependencia del 80% de productos importados esta asfixiando nuestra soberanía alimentaria, obligándonos a importar lo que nuestras propias tierras abandonadas podrían producir.