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En este episodio de La Biblia en un año con el pastor Jack Graham, seguimos el dramático viaje de Pablo hacia Roma narrado en Hechos 27, donde una poderosa tormenta azota la embarcación que transportaba a Pablo, soldados romanos, marineros y otros prisioneros. Aunque al inicio el clima parecía favorable, un violento viento del noreste convirtió el viaje en una pesadilla: la tripulación perdió el control, no pudieron ver el sol ni las estrellas durante días, y la desesperación los llevó a creer que morirían. En medio del caos, Pablo se levantó para animarlos, asegurando que un ángel del Señor le había prometido que todos llegarían con vida porque él debía comparecer ante César. Tras dos semanas de tormenta y hambre, Pablo dio pan a los hombres, les recordó que Dios estaba con ellos y los fortaleció para resistir. Finalmente, el barco encalló en un arrecife y comenzó a deshacerse, y aunque algunos soldados quisieron matar a los prisioneros para evitar fugas, el centurión lo impidió por aprecio a Pablo. Así, todos lograron llegar a tierra ―unos nadando y otros aferrados a tablones―, cumpliéndose la palabra de Dios de que ninguno perdería la vida en el naufragio
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By Pray.com4.8
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En este episodio de La Biblia en un año con el pastor Jack Graham, seguimos el dramático viaje de Pablo hacia Roma narrado en Hechos 27, donde una poderosa tormenta azota la embarcación que transportaba a Pablo, soldados romanos, marineros y otros prisioneros. Aunque al inicio el clima parecía favorable, un violento viento del noreste convirtió el viaje en una pesadilla: la tripulación perdió el control, no pudieron ver el sol ni las estrellas durante días, y la desesperación los llevó a creer que morirían. En medio del caos, Pablo se levantó para animarlos, asegurando que un ángel del Señor le había prometido que todos llegarían con vida porque él debía comparecer ante César. Tras dos semanas de tormenta y hambre, Pablo dio pan a los hombres, les recordó que Dios estaba con ellos y los fortaleció para resistir. Finalmente, el barco encalló en un arrecife y comenzó a deshacerse, y aunque algunos soldados quisieron matar a los prisioneros para evitar fugas, el centurión lo impidió por aprecio a Pablo. Así, todos lograron llegar a tierra ―unos nadando y otros aferrados a tablones―, cumpliéndose la palabra de Dios de que ninguno perdería la vida en el naufragio
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