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Siempre que escribo relatos de unas 150 o 200 palabras, los siento como una unidad completa. Les doy un final, sea abierto o no, pero lo tienen. No me piden más, no precisan de continuaciones ni posibles segundas partes. Dejo descansar a los personajes tal y como me lo han pedido las líneas. Me desprendo de esos mundos y los dejo volar libres para que lleguen a otras almas.
Pero esta historia es la excepción. Desde que la creé, allá por el 2015, me ha seguido demandando atención. Me ha pedido constantemente que siga construyendo los espacios, desarrollando sus protagonistas y entretejiendo la trama. Aún está lejos (ojalá no demasiado) de ser algo real, pero quién sabe si en un futuro podrás conocer mejor a esta familia y su magia timburtoniana (no existe ese adjetivo, pero debería).
Por ahora, solo deseo con todas mis fuerzas que el halo de este episodio te ayude a soñar con aquellas cosas intangibles que te llenan el espíritu.
By JocandaSiempre que escribo relatos de unas 150 o 200 palabras, los siento como una unidad completa. Les doy un final, sea abierto o no, pero lo tienen. No me piden más, no precisan de continuaciones ni posibles segundas partes. Dejo descansar a los personajes tal y como me lo han pedido las líneas. Me desprendo de esos mundos y los dejo volar libres para que lleguen a otras almas.
Pero esta historia es la excepción. Desde que la creé, allá por el 2015, me ha seguido demandando atención. Me ha pedido constantemente que siga construyendo los espacios, desarrollando sus protagonistas y entretejiendo la trama. Aún está lejos (ojalá no demasiado) de ser algo real, pero quién sabe si en un futuro podrás conocer mejor a esta familia y su magia timburtoniana (no existe ese adjetivo, pero debería).
Por ahora, solo deseo con todas mis fuerzas que el halo de este episodio te ayude a soñar con aquellas cosas intangibles que te llenan el espíritu.