Jesús dijo que la cosecha era mucha y los obreros pocos. Pero después de señalar la necesidad, hizo algo determinante: los envió.
En este episodio de La Red continuamos con la segunda parte de “Salgan: El envío y la misión”, profundizando en Lucas 10 y en el llamado que Jesús hizo a aquellos discípulos que fueron enviados delante de Él.
Porque podemos reconocer que el campo está listo, hablar de evangelismo, conocer nuestra responsabilidad e incluso sentir carga por quienes todavía no conocen a Cristo. Pero llega un momento en el que debemos pasar de la intención a la obediencia.
Hay que salir.
Jesús envió a sus discípulos de dos en dos, enseñándonos que la misión no fue diseñada para realizarse de manera aislada. Necesitamos comunidad, oración, acompañamiento y hermanos que compartan la carga. Habrá momentos de cansancio, rechazo y dificultad; caminar acompañados nos permite sostenernos y recordar que ninguno de nosotros es protagonista de la misión.
También encontramos una instrucción significativa: “Paz sea a esta casa”.
Antes de querer convencer, discutir o demostrar cuánto conocemos de la Biblia, nuestra manera de vivir debe mostrar a Cristo. La paz que llevamos, nuestro carácter, la forma en que tratamos a las personas y la congruencia entre lo que creemos y lo que hacemos pueden preparar el terreno para que alguien escuche el evangelio.
Y también debemos aprender a enfrentar algo inevitable: no todos recibirán el mensaje.
Nuestra responsabilidad no es producir resultados. Nuestra responsabilidad es permanecer fieles. Algunos sembrarán, otros regarán, pero el crecimiento pertenece a Dios.
Los setenta regresaron emocionados por aquello que habían visto suceder. Sin embargo, Jesús dirigió nuevamente su mirada hacia lo verdaderamente importante: más allá de los resultados visibles, su mayor motivo de gozo debía estar en su relación con Dios y en la realidad eterna de la salvación.
La misión sigue vigente.
Tu familia, trabajo, vecinos, amigos y cada espacio donde Dios te ha colocado forman parte de tu campo.
La pregunta ya no es solamente si existe una cosecha.
¿A quién vas a ir? ¿Con quién vas a ir? ¿Y qué estás dispuesto a hacer para que alguien pueda conocer a Jesús a través de tu vida?
La cosecha es mucha. Los obreros siguen siendo necesarios.
Es tiempo de salir.
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