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A veces vivimos tan acelerados que confundimos nuestro valor con nuestra productividad. Creemos que somos lo que hacemos, lo que logramos, lo que entregamos, lo que otros ven en nosotros. Y sin darnos cuenta, empezamos a medir nuestra identidad por la cantidad de tareas completadas, por los resultados visibles, por el reconocimiento externo. Pero cuando nos detenemos —aunque sea un momento— descubrimos que hay una diferencia profunda entre el ser y el hacer. Que el hacer nace del movimiento, pero el ser nace del alma. Que el hacer se agota, pero el ser se renueva. Y que cuando vivimos desconectados de nuestro ser, el hacer se vuelve pesado, automático, sin sentido. En esta charla entre amigos, quiero que respiremos juntos y recordemos que antes de cualquier logro, ya éramos valiosos.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.
By Israel MezaA veces vivimos tan acelerados que confundimos nuestro valor con nuestra productividad. Creemos que somos lo que hacemos, lo que logramos, lo que entregamos, lo que otros ven en nosotros. Y sin darnos cuenta, empezamos a medir nuestra identidad por la cantidad de tareas completadas, por los resultados visibles, por el reconocimiento externo. Pero cuando nos detenemos —aunque sea un momento— descubrimos que hay una diferencia profunda entre el ser y el hacer. Que el hacer nace del movimiento, pero el ser nace del alma. Que el hacer se agota, pero el ser se renueva. Y que cuando vivimos desconectados de nuestro ser, el hacer se vuelve pesado, automático, sin sentido. En esta charla entre amigos, quiero que respiremos juntos y recordemos que antes de cualquier logro, ya éramos valiosos.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.