
Sign up to save your podcasts
Or


El pasado sábado, con apenas unas horas de sueño, el Papa recibió al Prefecto del Dicasterio de los Obispos para analizar y decidir varios nombramientos episcopales. La nave debe seguir su viaje y Pedro no abandona el timón. Antes de emprender el vuelo, León XIV había dicho al presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello: “Ahora os toca a vosotros”. Se refería a los obispos, claro, pero no me parece abusivo interpretar que en ese “vosotros” estamos todos los católicos españoles, cada uno en su lugar y según su responsabilidad. El caudal de sugerencias, correcciones y aperturas que nos ha brindado riega ya la buena tierra de nuestras comunidades cristianas y suscita numerosas preguntas en nuestra sociedad, abriendo así nuevos caminos para la misión. Un analista italiano ha resumido así el viaje a España: “Necesitamos que el Papa nos confirme en la fe, es una verdad sencilla y un propósito primordial del oficio petrino en la Iglesia, después de todo, y León XIV, sencillamente, se volcó por completo en ello”. No se puede decir mejor. Pero confirmar en la fe no es “dejarnos como estamos”, algo más contentos, y ya está. Es, sobre todo, comprender de nuevo que “la fe da vida y da esperanza”, como clamó sin papeles el Papa desde el balcón de la abadía de Montserrat.
En esta hora de balances, recuerdo lo que les dijo a nuestros obispos: “Es el Señor quien nos conduce, Él determina los tiempos”. Y la encomienda de vivir una comunión capaz de acoger la riqueza de los dones y carismas que el Espíritu Santo suscita en el Pueblo de Dios, porque solo la comunión vivida de ese modo posee también una fuerza misionera. También la necesidad de acoger con respeto la sed profunda de sentido que mueve a tantos hombres y mujeres que buscan el fundamento de una esperanza a la que no saben poner nombre. La Iglesia está al servicio de esa sed del corazón humano, dijo el Papa, pero no desde la imposición, sino mediante el testimonio de que Jesucristo es el único que puede sanar las heridas y responder al deseo del corazón humano.
By COPEEl pasado sábado, con apenas unas horas de sueño, el Papa recibió al Prefecto del Dicasterio de los Obispos para analizar y decidir varios nombramientos episcopales. La nave debe seguir su viaje y Pedro no abandona el timón. Antes de emprender el vuelo, León XIV había dicho al presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello: “Ahora os toca a vosotros”. Se refería a los obispos, claro, pero no me parece abusivo interpretar que en ese “vosotros” estamos todos los católicos españoles, cada uno en su lugar y según su responsabilidad. El caudal de sugerencias, correcciones y aperturas que nos ha brindado riega ya la buena tierra de nuestras comunidades cristianas y suscita numerosas preguntas en nuestra sociedad, abriendo así nuevos caminos para la misión. Un analista italiano ha resumido así el viaje a España: “Necesitamos que el Papa nos confirme en la fe, es una verdad sencilla y un propósito primordial del oficio petrino en la Iglesia, después de todo, y León XIV, sencillamente, se volcó por completo en ello”. No se puede decir mejor. Pero confirmar en la fe no es “dejarnos como estamos”, algo más contentos, y ya está. Es, sobre todo, comprender de nuevo que “la fe da vida y da esperanza”, como clamó sin papeles el Papa desde el balcón de la abadía de Montserrat.
En esta hora de balances, recuerdo lo que les dijo a nuestros obispos: “Es el Señor quien nos conduce, Él determina los tiempos”. Y la encomienda de vivir una comunión capaz de acoger la riqueza de los dones y carismas que el Espíritu Santo suscita en el Pueblo de Dios, porque solo la comunión vivida de ese modo posee también una fuerza misionera. También la necesidad de acoger con respeto la sed profunda de sentido que mueve a tantos hombres y mujeres que buscan el fundamento de una esperanza a la que no saben poner nombre. La Iglesia está al servicio de esa sed del corazón humano, dijo el Papa, pero no desde la imposición, sino mediante el testimonio de que Jesucristo es el único que puede sanar las heridas y responder al deseo del corazón humano.