Dueños y director general salen de la misma junta convencidos de que el otro no los escuchó. Casi nunca es falta de comunicación: es falta de un consejo de administración que convierta esa tensión en una decisión.
Hablan desde responsabilidades distintas. La propiedad piensa en el patrimonio, el riesgo y lo que puede perderse. La Dirección General piensa en la operación, el crecimiento y lo que todavía puede construirse.
Cuando estas dos lógicas no encuentran un espacio para convertirse en criterios y decisiones, el desacuerdo termina siendo personal.
En este episodio explico una función poco reconocida del consejo de administración: traducir una tensión legítima entre propiedad y dirección en una decisión gobernable, con límites, responsables, indicadores y seguimiento.
También revisamos:
– Qué significa la independencia de un consejero.
– Por qué un consejo no es solamente otra junta.
– Cómo evitar que todas las decisiones regresen al fundador.
– De qué manera el consejo ayuda a trasladar el criterio de una persona hacia una institución.
Un consejo no termina su trabajo cuando todos se entienden. Lo termina cuando la tensión se convierte en una decisión.
Sigue el programa. En el próximo episodio veremos cómo distinguir un consejo real de una reunión que solamente confirma lo que ya estaba decidido.
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Antonio C. Fermoso · Grupo Constant