Soy ese que a veces os recibe en horas de tristeza
y os alegra las cálidas tardes de verano,
ese que os suele dar la mano cuando sois perseguidos
por el fuego del sol que nos abrasa.
Esa mujer oculta, gris a veces,
a veces también en el cadalso de esa soledad
de banderolas, el proyecto de amistades
olvidadas, el secreto mejor guardado de la historia,
y soy también madera y cartón cuando me muero,
aunque duerma en tus brazos cuando quiero,
y esté incubando corazones a las puertas
del techo de poesías sin arraigo, sin hijos,
sin vanguardias, incluyendo en mis pieles los amores
que en etapas-primaveras ven la luz
y destapan alegrías y quimeras.
Es irónico ser la voz en las laderas más próximas al mar,
entre tanto me siembran golondrinas,
de cantos y sonrisas por rendijas y grietas
si el crepúsculo permite sus sollozos.
Y vivo al borde del borde de ti, casi acaricio la espuma
de la enagua con que vistes, las fuentes que turban confidencias que a voz en silencios siempre gritas.
Tantas y tantas cosas que contarnos,
como siamesas somos frunciendo los mismos entrecejos,
entablando saludos urdidos entre dientes,
entre hierva silvestre y rompiendo en tus aguas
el retazo de verde con que siempre acaricio
el blanco de tu espuma, y esa débil canción
de susurro en tu orilla.
Chema Muñoz©