Caminar hacia el futuro no es correr sin mirar atrás,
es avanzar con el corazón abierto,
sabiendo que el futuro no es un destino… sino algo que construimos día a día,
con cada decisión, con cada caída, con cada intento de volver a empezar.Y sí, a veces avanzar duele.
Porque crecer también es soltar.
Dejar ir personas, momentos o versiones de nosotros mismos que ya no encajan,
aunque duela, aunque queme un poco el alma.