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“Hasta ahora la humanidad había sido sorda al universo.
De repente aprendimos a oír.
El universo ha hablado y nosotros tenemos que entenderlo”
David Blair
Héctor Rago
En algún lugar de una galaxia de cuyo nombre no quiero acordarme, dos estrellas ejecutaron una danza cósmica sin presentir que sería su último tango. Eran muy pequeñas, el diámetro de cada una de ellas era de unos 20 kilómetros. Su masa, algo mayor que la masa del sol. Tanta masa comprimida en un espacio tan reducido hacía que la gravedad en su superficie fuese formidablemente intensa.
Los electrones abalanzados por la presión hacia los núcleos formaban neutrones y la estrella remedaba a un gigantesco núcleo atómico. Era la clase de objetos más compacto que podemos concebir: estrellas de neutrones, el remanente de estrellas masivas que explotan al agotarse su combustible nuclear.
La espiral se fue achicando y luego de unos dos minutos el choque era inevitable y se produjo la fusión de las estrellas, un cataclismo que generó un estallido de materia y radiación.
Todo esto ocurrió hace 130 millones de años.
Apenas unas horas después la joven astrónoma y estudiante de postgrado Natalie Ulloa manejaba un telescopio óptico en Chile cuando percibe el insólito brillo del estallido y logra capturar en una foto, la colisión de dos estrellas de neutrones. En las siguientes horas y días cerca de cien telescopios incluyendo al Hubble, escudriñan esa luz en todas las longitudes de onda, infrarroja, ultravioleta, rayos X. Por primera vez en la historia, la humanidad contempla un episodio astrofísico detectando sus ondas gravitacionales y sus ondas electromagnéticas.
“Hasta ahora la humanidad había sido sorda al universo.
De repente aprendimos a oír.
El universo ha hablado y nosotros tenemos que entenderlo”
David Blair
Héctor Rago
En algún lugar de una galaxia de cuyo nombre no quiero acordarme, dos estrellas ejecutaron una danza cósmica sin presentir que sería su último tango. Eran muy pequeñas, el diámetro de cada una de ellas era de unos 20 kilómetros. Su masa, algo mayor que la masa del sol. Tanta masa comprimida en un espacio tan reducido hacía que la gravedad en su superficie fuese formidablemente intensa.
Los electrones abalanzados por la presión hacia los núcleos formaban neutrones y la estrella remedaba a un gigantesco núcleo atómico. Era la clase de objetos más compacto que podemos concebir: estrellas de neutrones, el remanente de estrellas masivas que explotan al agotarse su combustible nuclear.
La espiral se fue achicando y luego de unos dos minutos el choque era inevitable y se produjo la fusión de las estrellas, un cataclismo que generó un estallido de materia y radiación.
Todo esto ocurrió hace 130 millones de años.
Apenas unas horas después la joven astrónoma y estudiante de postgrado Natalie Ulloa manejaba un telescopio óptico en Chile cuando percibe el insólito brillo del estallido y logra capturar en una foto, la colisión de dos estrellas de neutrones. En las siguientes horas y días cerca de cien telescopios incluyendo al Hubble, escudriñan esa luz en todas las longitudes de onda, infrarroja, ultravioleta, rayos X. Por primera vez en la historia, la humanidad contempla un episodio astrofísico detectando sus ondas gravitacionales y sus ondas electromagnéticas.