Acolitos del terror:
Conducir de noche tiene reglas no escritas.
No detenerse demasiado. No mirar más de la cuenta. No quedarse cuando algo no encaja.
En este episodio, una parada rutinaria en una gasolinera aislada se convierte en una lección brutal sobre lo que ocurre cuando la carretera exige un relevo. No es una historia de fantasmas al uso. Es algo más antiguo. Más mecánico. Más inevitable.
Hay lugares que no están para repostar.
Están para quedarse.