Para cualquier pareja la llegada del primer hijo puede ser una sorpresa, pero siempre llena de alegría y también de incertidumbre por la salud del bebé. Por ello es que debemos tener presente que lo único cierto es que Dios nunca nos abandona. También debemos recordar que Él sufrió mucho más que cualquiera de nosotros, pagando con su propia vida por nuestros pecados para obtener así nuestro perdón y abrirnos las puertas a la vida eterna en el cielo junto a Él.