La vie #54

La Vie #63


Listen Later

Me parece fascinante la vida, me parece fascinante vivir. Hay gente increíble ahí fuera. Todo el tiempo. Me la cruzo cuando salgo a correr, cuando voy a por el pan, cuando estoy en el bus. Lo presiento y al mismo tiempo lamento no poder conocerla. Es alucinante.

Quiero a muchísimas personas, repartidas a lo largo del mundo. Por una razón o por otra he tenido la suerte de topar con ellas en los lugares más inverosímiles y mantener el contacto a día de hoy. Como con Dani, un amigo mexicano al que conocí hace cuatro años en el D.F, con el que a día de hoy me mando cartas por correo electrónico. Da igual la frecuencia, siempre sucede. Este septiembre estará en Europa y nos veremos. Como Laura, de Panamá, con quien hablo por Facetime dos veces al año. Como a mis amigos de París, a los que nunca olvido y cuyas vidas me importan una barbaridad. Trato de estar al día de lo que sucede a su alrededor, aunque no sepa cuándo será la próxima vez que los vea.

Ojalá poder estar en muchos lugares al mismo tiempo, estar cuando sufren y cuando se enamoran, cuando se ríen. Lo que más echo de menos de la gente a la que amo es su risa y sus manos.

El fenómeno sobre el que hoy escribo es «quedar y ponerse el día». Sucede todo el tiempo precisamente por lo contrario a mi anhelo, es inverosímil seguir con atención la vida de todos los que amamos. Se vuelve entonces una vez al mes, al trimestre, al año, a ese «café pendiente» que nada tiene que ver con esas promesas espontáneas que solemos hacer cuando encontramos a un conocido por la calle, ese «ay, a ver si nos tomamos algo» que jamás ocurre. Tal vez porque ese tren ya pasó, porque esa amistad se diluyó y ya no interesa.

Sin embargo a veces sí, a veces nos va la vida en ello. Es entonces cuando de repente te encuentras esperando en una terraza fumándote un piti (en mi caso) cuando en la lejanía ves venir a lo lejos a aquella persona y piensas: «cómo he podido olvidar todo este tiempo esa forma tan particular de andar, ese rastro que deja cuando pasa, cómo quiero a esta persona». Y te levantas y te fundes en un profundo abrazo. Me gusta muchísimo ponerme al día porque se va directo a lo importante. De forma inconsciente tejemos todos un resumen sobre lo relevante que deja atrás todas las horas de angustia y de tedio. Siempre siento que hablo de corazón a corazón, tanto que al poco tiempo ya hemos deshecho nuestro alma en pedazos y pasamos a recordar viejos tiempos. Hay siempre algo que se mantiene intacto. Ese «ser que fuimos» compartido por un periodo de tiempo determinado, ese entendimiento candente e intocable. Y luego esa persona se irá y nosotros también, y puede que vuelva a pasar muchísimo tiempo hasta la próxima vez, pero cuando estás caminando de vuelta a casa sonríes y piensas «deseo que a esta persona le vaya genial, deseo no perderle la pista jamás».

Algunas veces, de repente, retomas el contacto. La urgencia es irresistible, ya sea porque en el periodo en el que estás, quien eres y quien es el de en frente se necesitan. Otras porque nunca dejaron de hacerlo y fue la vida, simplemente, la que pasó. En ocasiones esa vuelta a casa es mucho más fuerte de lo que nunca fue. A mí me pasó con Ana, a quien vi en septiembre después de cinco años sin coincidir a penas. Nos conocemos de clases particulares de inglés. Ahora nos vemos todas las semanas.

A mí me pasó con María cuando muchos años después de la última vez que coincidimos, estimo quince o así, siendo niñas (y recalco esto porque de alguna forma siento que es esa niñez uno de los motores de nuestra amistad, saber que de alguna forma existimos en lo que pasó en aquellos en viajes pueriles e ingenuos) quedamos en la terraza de Lobbo y hablamos de todo lo que en realidad nunca habíamos hablado, hasta tal punto que creo que desde ese día no ha vuelto a pasar ninguno sin que nos enviemos algo. De esa puesta al día nace La Vie.

Voy a tomarme la licencia aprovechando que es la última carta que os envío antes del verano de sugeriros que hoy escribáis a alguien a quien llevéis tiempo sin saber cómo le va y os toméis algo. La vida se muestra infinita ahí.

Me despido hasta septiembre y os deseo un verano invencible, como del que habla Camus, que siempre está dentro. El correo de La Vie está como siempre abierto todos los días del año a todas horas para lo que necesitéis o queráis compartir con nosotras. En septiembre sea como sea entre nosotros nos pondremos al día ❤️.



This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit lavieabord.substack.com
...more
View all episodesView all episodes
Download on the App Store

La vie #54By La Vie