Nos hemos abanderado del viajar. En tiempos de Tuenti, en «aficiones», escribíamos viajar. Anteriormente, tras las vacaciones, sean cuales fueran, ibas a casa de tus amigos, quienes te invitaban a comer o cenar y, de paso, te enseñaban su viaje más reciente; a través de un álbum de fotos observabas el retrato a los protagonistas, los diferentes detalles arquitectónicos de edificios que ya no recordaban el nombre o de animales autóctonos del lugar, si de un viaje más salvaje se trataba.
He leído muchos CVs donde en «gustos» o «hobbies» se indicaba viajar.
No sé si lo estamos banalizando un poco.
Tengo una pregunta, ¿hay alguien a quien no le guste viajar?
Puedes hacerlo para sentirte extraño en un lugar desconocido o para hacerlo donde hace tiempo que no vuelves.
Hay quien viaja para huir de algo que le atormenta de su presente, como si huir de los problemas yendo a otro lugar, estos no te persiguiesen.
Hay quien viaja y se encuentra, como en Come, Reza, Ama. (Ojalá pusieran esta película en el avión que me dispongo a coger mientras escribo esto ahora, tras tres horas de escala).
Y luego hay una mayoría que viaja en periodos establecidos, cuando las tarifas (por esto mismo) son más altas y todos los lugares están más llenos. Al menos, me consuela pensar que esos destinos se encuentran repletos de personas de este mismo último grupo. Gente que ansiamos un poquito de calma, un poquito de paz, pudiendo ser estas encontradas en planes trepidantes (de no pisar la habitación del hotel más que para dormir) u otros como los de no levantarte de la hamaca.
Cada uno tiene sus motivos y todos son válidos.
Porque uno se encuentra con un yo diferente cada vez que viaja a algún sitio. A propósito, los pequeños Alfonso y Sofía me preguntaron sobre qué es el yo, durante esta semana de vacaciones. Cambié en mi explicación mi ‘‘yo’’ por mi ‘‘ser’’ y volvieron a cuestionar sobre este último. Entonces, lo sustituí por ‘‘mí misma’’. La inmensidad de uno mismo sorprende más cuando uno para y reflexiona sobre ella. Y, para esto, viajar me parece buenísimo.
Olvidar en qué día de la semana te encuentras; mirar el móvil porque quieres cuando quieres y no porque tengas que hacerlo.
Pasar tiempo en silencio; volver a prestar atención a temas que te gustan y darte cuenta que nunca dejaron de hacerlo, simplemente no pudiste estar suficientemente atento.
Leerte un libro, o varios, o ponerte al día con La Vie.
Sentirte más libre y más seguro. Pensar y reflexionar sobre decisiones importantes, pero dejar de cierto modo que en las vacaciones sea la improvisación su protagonista.
Disfrutar todo y, por encima de lo demás, disfrutarlo y degustarlo con detalle.
He hecho ‘‘el muerto’’ flotando en el mar, intentando grabar en mí lo que siento en esos momentos. Lo he deseado con mucha fuerza. Mi objetivo es almacenar esa sensación como recurso futuro: para cuando me falte motivación, o sienta tristeza, o el estrés o agobio se estén batiendo conmigo.
Cada uno debería tener un par de recursos de este tipo para su vida, para que figuren como salvavidas en tu día a día. Just in case.
Casualmente, los míos siempre suelen estar vinculados al mar, sin ser yo precisamente una devota de las aguas. Quizás es porque lo vinculo con las vacaciones. No sé.
De pequeña, en momentos de incertidumbre, mi madre me intentaba transportar mentalmente a Disneyland Paris. No recuerdo que me encantara el parque temático en sí, sin embargo supongo que a todos nos alivia volver, mental o físicamente, a aquellos lugares donde hemos sido felices.
A Sofía, por la conversación tan profunda en una niña tan pequeña sobre por qué ocurre la muerte y recordarme la relevancia de la vida.
This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit lavieabord.substack.com