Todos cometemos pecado, la Biblia nos lo dice así. Sinembargo, el Espíritu Santo no nos condena, por lo contrario, nos da convicción para cambiar y acercarnos a Dios. Por lo contrario, satanás nos condena haciéndonos sentir indignos y haciéndonos creer que es Dios quien no nos acepta. Pero la verdad es que Dios nos da convicción, no condenación.