(Mateo 27:11–31; 27:32–56)
Jesús fue llevado ante el gobernador Poncio Pilato, quien al interrogarlo no halló culpa en Él. Aun así, por presión de la multitud, Pilato cedió y entregó a Jesús para ser crucificado. Barrabás fue liberado, y Jesús, inocente, fue condenado.
Los soldados lo azotaron, se burlaron de Él, le pusieron una corona de espinas y lo condujeron al lugar de la crucifixión. En el Vía Crucis, Jesús cargó la cruz hasta el Gólgota, donde fue clavado en ella. Allí entregó su vida, cumpliendo las Escrituras y mostrando hasta el final su obediencia y amor redentor.