LA VOZ QUE FUE UN SUSPIRO-29
Las sienes retumban al son de las campanas,
tañen desde siempre al ritmo del corazón,
sirven de guarda y aviso de los ataques de las alimañas,
de los lobos y enemigos que acechan al valle, las calles,
las casas, los silos de trigo, las jóvenes, las almas.
Los lobos se han envalentonado, los guardas se han despedido,
dejan a gentes que no saben de armas apagar los fuegos
que nos amenazan.
todo arde, la paz, las costumbres, los bienes del pueblo,
cobran los impuestos como los ladrones por leyes,
ladrones con falsos cobardes decretos.
Retrocede todo al punto cuando traidores señores
rateaban a escondidas todo en los palacios,
quitando de en medio con don navajazos siempre por la espalda
a quienes defendían del peligro al vulgo.
Estos acababan fuera en las murallas secándose al sol
comidos por cuervos al no haber ni trigo en nuestros graneros.
Humillados, muertos por la realidad de haber descubierto
la intención rastrera de la humanidad, robar cuanto puedas,
no importando cuanto, ni a quien, llevarse los cuartos, las treinta monedas
que le va a la muerte, cualquiera que fuera, esa muerte oscura,
despreciada siempre y para la historia, de cuatro haraganes ladrones
de todo como son las ratas de los barracones.
Solo dos minutos de gloria vacía, para ser escoria ellos y herederos
que serán culpables por siempre, hediendo a miseria la que estos ladrones
crearon primero.
Chema Muñoz©