La voz en un suspiro correteando en el patio,
erguido el tendedero con nuestra ropa blanca,
presa de ese aire que juega entre las sábanas,
enterrados geranios bajo la sombra del tórrido calor de aquel verano.
Sus manos rotas de quitar el hambre de sueños moribundos, de aquellas tardes que se olvidan pronto, tras las puntadas hechas con amor de madre remendando los años que pronto se agigantan, que se fueron tan pronto.
Sus manos esas que alegran las tristezas, que alargan el pan estirando el aceite, hizo del chocolate rodajas de ternura, bordando la sonrisa acariciando suave, flequillos de esperanza.
Que ese tiempo pasado fuera mejor que hoy
lo saben los que hoy no son más que el silencio
que grita por las tardes cuando el sol se ha dormido y se alargan las sombras.
Le crecieron los tayos del rosal de su vida
envejeció el jardín y nacieron rosales embelleciendo el patio
y cargó con refranes con envidias de siempre levantando los ojos
levantando los muros de sueños y recuerdos de recuerdos y sueños
de los pozos de aceite con azúcar al fondo, de las bocas manchadas
con ternura en rodajas, flequillos de esperanza que peinaron sus manos,
borrando las tristezas.
Abriéndose el camino para no volver nunca y olvidar su recuerdo.
Sus manos rotas de quitar el hambre de sueños moribundos
Sus manos esas que alegran las tristezas, que alargan el pan
estirando el aceite, hizo del chocolate rodajas de ternura,
bordando la sonrisa acariciando suave, flequillos de esperanza.
Chema Muñoz©