LA VOZ QUE FUE UN SUSPIRO 9
Nunca entendí allá en los tiempos mozos, frases grandilocuentes tal como, a los pies de los caballos, como si tuvieran pies los équidos paquidermos, o, agujas entre los ojos,
más normal serían lágrimas en nuestros ojos,
o ponerte en desprestigio o una mala situación.
Usamos siempre la voz para no decirnos nada,
cuando hay danzas ancestrales que lo significan todo, para que lloren las nubes, que los incendios se apaguen, que se muera el enemigo con nuestras danzas de guerra, que paren los terremotos y las montañas no caigan
aplastándonos a todos, que vengan hacia nosotros los animales de caza o rezamos en silencio por dar suerte a nuestra casa.
Las planicies, las angustias, viven solas sin ayuda,
nuestro lecho se mantiene con la voz que fue un suspiro en el momento propicio, que retorció el sufrimiento transformándolo en amor, que se incendió a la mañana con reciproco deseo de ser, matando a Morfeo la luz del sol y el perfil que sonríe en tu sonrisa cuando te abrazas a mí.
Cuántos puentes levadizos, cuántas sombras,
cuánta amargura en la sed, cuantas manos se alargaron para morirse después en ventanas solitarias, se secaron madreselvas por donde subir al beso prometido, tibio, vibrante y aquel molino del tiempo no muele ya los desiertos degollándose recuerdos.
La nostalgia va cosiendo las páginas de la historia, guardándose para un grito las horas cuando palomas se ausentan de aquellas horas de calor sobre las lomas, y entre su vuelo me aromas de la arboleda donde te ame aquella tarde.
Hoy soy espina de zarza, agónica y sorda lanceolada bajo tierra donde duermen secas ya, hojas caducas de aulaga.
Chema Muñoz©