¿Quién no tiene lagunas ni oasis fuera de los desiertos,
ni pálido el rostro escondido en la sombra
huyendo de la luz que da la honradez?
sofocan a veces estas preguntas que cantan Solas,
que gritan solas, pues se cae por su peso respuesta tan simple.
Los más cautelosos son siempre aquellos intentos malignos,
también ciegos, pues dejan mil huellas de haber sido ellos.
Borran direcciones, cambian decorados y dejan las sonrisas
muertas a su paso, escombros y fuego, fugitivos,
abrasan lamentos atando las manos, tapando los ojos,
dejando despojos de seres humanos en zanjas que esconden
y huyen sedientos de bienes ajenos.
Es atemporal toda esta indolencia, todo son secretos
mientras que los muertos y seres cercanos claman a los dioses
justicia, justicia, y los dioses sordos solo nos responden,” el libre albedrio”.
Mi padre decía, habría de venir cada cierto tiempo la liberación
que hubo en Gomorra y aquella limpieza que en Sodoma hubo,
pausar cada tiempo la nueva maldad que nace en la paz
como hierva mala y tirar de pala, poner boca abajo la mirada y frente
para que se fueran en tiempo final el fin de los fines yendo a los infiernos
en vez de volar como harán muertas a sus manos
almas que por ellos murieran un día.
Frunce el entrecejo el niño y el viejo que ya no comprenden
¿cómo vuelve a ser derramada sangre quedándose inmóvil
esa catarata de los sentimientos que se ha de tener cuando irradias muertos,
derribando muros que los puso un Dios en nuestro universo.
Chema Muñoz©27/04/2022