Los gritos donde en la era se desperezaba el sol
sobre el oro y sementera, los animales sudando,
el botijo allá en la sombra dormido, mientras lejos
la sandía y los niños se refrescan en el riachuelo del agua
que sirve de regadío de lo poco que han sembrado
los viejos de aquel lugar.
Cantan mujeres, al viento vuelan los granos de trigo,
un zagal sobre la manta luchando con cuatro mocas
que se esconden en su ombligo, ella lleva atada al cinto
ese pedazo de falda desnudándose las piernas arañadas por zarzales,
se pelean los zagales por subirse en los peldaños de la rueda
que se esfuerza por llegar hasta el aljibe empujada por el rio,
risas, cantos, lloros, el sol esta en los más alto,
se sufre en nuestros campos mientras cantamos unidos.
Esta es la voz de los míos, va saliéndonos del alma,
el cansancio en el olvido, se han llenado las cisternas,
no ha importado tanto ruido, la tarde se va viniendo,
está el sol casi escondido y se vienen las palomas
a disfrutar de los granos que van quedando tendidos.
Otra tarde se va yendo, de vuelta vamos cogidos por el amor
a lo nuestro, los bueyes llevan los niños, están subidos al carro
van cayéndose en el sueño después de tanto ruido,
esta es la voz de la vida, la que te mira de frente sin miedo y sin un suspiro
que no fuera del amor cuando se vive entre todos, cuando vivimos unidos.
Van recogiendo las redes los pescadores del rio, cantan aquellas canciones
las redes van a babor a estribor se van los sueños al abrazo de los suyos,
otros brindan porque tienen la salud y ese trabajo que da honor y que empuja
a despertarse de nuevo y a valerse de sus manos.
Mientras la vida se pase, seguiremos en el tajo,
paz, amor, salud y vida y la muerte que se espere que aún queda mucho trabajo.
Chema Muñoz©28/04/2022