LA VOZ QUE FUERA UN DIA-16
Se ha vuelto canción, tarantela sefardí,
y ha hecho morir de envidia los gritos de los mercados,
los precios que dan a la vida los que no la compran nunca
y van vendiendo retales y van bailando farrucas.
La voz se torna a menudo en un trozo de mendrugo imposible de tragar,
¿quién te quisiera vender el hambre por esa voz que no te sale del cuerpo
engañando por un dulce?, cobrando cada latido que nace del corazón,
por ganar como los judas treinta monedas de plata.
Al vivir bajo la tierra como lo hacen las ratas,
puedes escuchar la voz como dentro de una cueva,
la que sirve algunas veces como ataúd del peligro,
cuando levantas la voz en la esperanza de oír
y sentir la libertad a través de los cristales,
cuando paseas el deseo de saborear el aire
que te entra en los pulmones, poder estirar las piernas
y dormir a la intemperie, no ser número ni serie
de este mundo ennegrecido por el ansia de unos pocos,
que venden constelaciones sacadas de sus bolsillos.
Quiero cambiar esa voz cantándote otras canciones,
las de las revoluciones, sin pintarnos en las manos
los abanicos de espinas que ya fueron otra historia,
recordar en la memoria esos cambios de vergüenza
que se tornan en venganza de reyertas que están muertas,
volviéndose a dar la luz al calor, ese que acerca imposibles
que se fueron y cerraron ya las puertas tras el horror
de desiertos en las puertas de los templos,
iluminando las calles con el fuego de las velas,
con fuegos fatuos de muertos, viéndose volar las piedras
poniéndoles a este mundo unas alfombras de horror,
el cimiento que se hace con la carne de los vivos, con la sangre de los sueños.
La voz sigue fugitiva esperando que algún día puedas volar como vuelo
como vivo en libertad, o morir en libertad como en libertad yo muero.
Chema Muñoz©