LA VOZ QUE FUERA UN DIA -23
No he de dejar morir mi voz en el eco,
ni que el espacio haga presa del sonido,
no estoy aquí ni he venido a rogarte los perdones
que deseas dar sin sacrificio,
tan solo deseas ser ese suplicio
que la envidia da a tanto inútil.
Si se pierde la flor en el verano por exceso de amor
que le da el sol, tanto más será el silencio,
¿que se espera del grito del dolor de aquellos seres
que mueren en los charcos que el sol, sus laberintos,
sin quererlo vestidos de azul desde su luz
evapora en la sed de superficies?
No he de dejar morir mi voz en los desiertos,
la soledad a veces da la fuerza, transforma desde el llanto
esa ruina que tratan de venderte como fieras
que defienden rugidos en sordinas, para hacerte escuchar
cualquier rebuzno que dan desde sorderas
las palabras de un fauno deshaciendo a girones tus quimeras.
Mi voz será la transparencia, la verdad, la coherencia,
la claridad de la muerte sin que se incline al miedo que antes
define al asesino, sabiendo que puede estarse vigilado
por conciencias, por jueces o vecinos atentos al veneno
que le cubre mientras tuerce las leyes a su antojo,
y deslumbra con cieno diamantino.
Hace tiempo salí de aquellos recovecos
que trataron de inculcar a fuego y sangre,
de ruinas salimos desde siglos, enterrando traidores y cobardes.
Seguirá la voz que fuera un día despertando silencios
dando el eco a las voces para crecer aún más la de los muertos,
muertos por silencios ahogados en llantos y en la asfixia
por ácaros del mundo ya en sus cuadras.
Chema Muñoz©26/05/2022