LA VOZ QUE FUERA UN DIA-28
Una piel se nos regala cada vez que amanecemos,
se viene sola a la mano sola se irá hacia lo eterno,
cuatro señales la esperan desde el norte hacia sureños parajes
que van y vienen parajes que son de sueños.
La voz que fuera aquel día, la que vino del desierto,
amaneció en los oasis entre caricias e incienso,
nunca supo si bajaba de precipicios adversos,
si secuestró las auroras, si volaba como el viento
junto a almas cristalinas en féretros que trae el rio,
o dormía en esos fondos oscuros con ese frio que al olvido
son distancias del recuerdo movedizo y desde aquellas infancias
donde el futuro, la soledad, el temor por lo que venga,
la ausencia del ser querido, el no saber de la lucha
que al venir te han prometido, de encerrarte la verdad,
las promesas, valores como esmeraldas,
jaulas donde se escondieron esfinges de los amigos,
ese dolor que te pesa, losa de desesperanza
que regalan mal nacidos después de robarte el alma,
de engañarte direcciones, de robar lo conseguido
arrancarlo de tu espalda y cerrarte las ventanas
por donde entra la luz.
Yacemos sobre la arena de una vida regalada,
las orillas van y vienen al gusto que dan las olas
de un mar de agua de islas donde el mal que se presiente
flota en la sangre, en las venas, indiferente,
adormecido en orbitas de las almas en la búsqueda constante
de la sonrisa de un dios ausente en espera de arribar
a un término inexistente.
Si todo somos en uno, fósiles despertarán a la voz que fuera un día,
una luz dice que espera allá al final del camino,
dicen que existen montañas, que nuestros seres queridos
son en un mar tranquilo donde el agua es de una fuente
fuente que nunca vacías voces que fueran un día.
Chema muñoz ©05/06/2022