LA VOZ QUE SIEMPRE QUISE -2.
Las manos se agigantan en unión a otras manos,
las mías son de cera cuando las tuyas arden
en amor a la tierra, al agua, a nubes que pasean
sin mirar a los ríos que riegan con su llanto.
La hermosura se da al pie de las canciones
que al arrullo del canto de corrientes profundas
se regala en torrentes de almas adormecidas,
por los campos de olivos, creando los cimientos
de un raro pensamiento.
Siendo la sangre vuestra, no la deis a los pies
de aquellos que se comen el pan de vuestros hijos,
que sepultan cabezas como otros entierran el sol,
también la luna para creer ser ellos
esa luz que enterraron.
Nunca luce la sombra, no es frontera de nada
solo es frio que hiela alientos y alegrías
y los torna en desgracias, esa cama que enreda
y los hunde en la nada.
Pintad de blanco todo, que no exista lo oscuro
sea transparente todo detrás de las ventanas,
y al dintel de la puerta se vean las ballenas
saludando la vida, todo sea trasparente,
como fue la mirada al futuro de aquel extraterrestre.
Chema Muñoz ©