Nuestra ministra de Trabajo, esa que otrora vestía palestina y greñas y hoy parece una señorona de urbanización madrileña y peluquería diaria, nos ha mostrado con toda crudeza su falta de escrúpulos y su supina ignorancia en todo lo que no sea medrar rápido y hasta la cumbre en toda organización política que pueda parasitar. La amiga “del presidente Biden”, se nos despacha con un elogio cerrado de argumentación infantiloide y jeta, del Manifiesto Comunista de Karl Marx.