En una reunión que buscaba establecer una gobernanza global para la inteligencia artificial, UNICEF exigió que dejen de experimentar con los chicos. La IA no solo cambia el trabajo, la economía, la producción, la salud, la educación, la cultura, sino que hasta está cambiando nuestros vínculos personales y la arquitectura de nuestro cerebro. La inteligencia artificial es patrimonio de la humanidad. Por lo tanto, su desarrollo no pueden conducirlo los magnates de Silicon Valley a través de sus corporaciones. Es el momento de que la política recupere el protagonismo para guiar esta maravilla hacia el bien común.
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