Un inusual ataque estre-meció en la madrugada del sábado pasado a la población de San Lorenzo, una ciudad costera al norte de Ecuador. Un carro bomba estalló frente a una estación de Policía y dejó 28 personas heridas, 37 casas afectadas, el edificio destruido y una enorme intranquilidad. Las autoridades determinaron que el Guacho, un disidente ecuatoriano de las Farc, ordenó el atentado para vengarse por los constantes operativos del gobierno contra el narcotráfico en la frontera. Ese mismo día, el presidente Lenín Moreno decretó el estado de emergencia, envió efectivos oficiales a la zona y calificó el hecho como el primer acto terrorista ocurrido en ese país. En efecto, en Ecuador nunca se había presentado un incidente así. Si bien la presencia de traficantes no es nueva, pues el país es un paso para sus rutas, la violencia no había llegado a ese nivel. Lo ocurrido allá evidencia las nuevas dinámicas y los amenazantes alcances del narcotráfico en la región. El aumento de cultivos en Colombia, Perú y Bolivia, el tráfico entre los países productores y consumidores al alza, la diversificación del mercado hacia África y China y la impunidad hacen que el narcotráfico amenace a cada vez más países de América Latina.