Don Vicente se recrea en esta ocasión contándonos un suceso tragicómico que le ocurrió dentro de un cementerio. Precisamente cuando comenzaba la Cuaresma. Si bien la historia podría haber sido extraída del anecdotario popular, los detalles con que la adorna la hacen tan verídica que parece que le sucediera a él mismo. Más aún cuando la remata con ese chascarrillo rondeño de la mona y que debió de vivir en primera persona.