La obnubilación que despiertan las llamadas Celebrities es un efecto inconsciente que crea la mente, llamado parasocial, que define la sensación de intimidad que se establece con un personaje famoso. Efecto apuntado ya en 1956 por Horton y Wohl, para expresar la identificación que se establece con el famoso, en el que se deposita la propia ambición de popularidad que se vive de manera unilateral. La Celebritie se convierte así en un doble, en un alter ego del espectador, que olvida que se trata de un producto mediático efímero y evanescente. Celebritie que para serlo necesita que el espectador masa sancione favorablemente su capacidad carismática, comunicativa y persuasiva, más allá del mensaje que difunde. En palabras Michael Foucault, lo que se sanciona es la infamia conocida por ser conocida; es decir, que ya se sabe de antemano lo que la Celebritie va a decir, en función de ídolo de consumo. Porque las Celebrities son un producto mediático cuya función es representar un arquetipo que está en el imaginario del espectador, que no se cansa de escuchar siempre lo mismo vestido de mil maneras diferentes. Por eso las Celebrities son hoy el paradigma del entontecimiento social.