Tras cesar a John Toshack, la Real encomendó la permanencia en Primera División a un joven técnico de 34 años que tenía como única experiencia al equipo juvenil y que ni siquiera tenía el carnet de entrenador nacional. Pero Roberto Olabe, era él, tenía mucha ambición y así lo transmitió: solo aceptaría el cargo si se asumía que el objetivo era ganar cinco de los nueve partidos restantes para seguir en Primera. Y se ganaron.