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La violencia engendra violencia, el odio engendra odio y la muerte más muerte. El Papa nos invita a romper esta cadena, nos invita al perdón, a que nos unamos en para buscar la paz, a que seamos artesanos de paz. Nos recuerda que para que haya paz no podemos olvidar a nadie, y considerar especialmente a los pobres, a los heridos, a los últimos.
Entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta siempre hay una opción posible: el diálogo. El Papa nos motiva a que aprendamos a llegar síntesis superadoras de la realidad actual, en las que todos tienen algo que aportar. Urge una cultura del encuentro, en donde no hay dialécticas que enfrentan, sino personas que se enriquecen y acogen las diferencias.
La mejor política es el amor y lo verdaderamente popular (porque busca el bien del pueblo) es asegurar a todos la posibilidad de hacer brotar las semillas que Dios ha puesto en cada uno, sus capacidades, sus iniciativas, sus fuerzas. El Papa nos habla también de la importancia de los organismos internacionales y las macrorrelaciones (sociales, políticas, y económicas), y la importancia de que todos contribuyamos a la vivencia de la fraternidad universal.
Vivimos en un mundo sin fronteras, en el que nadie se salva solo. O se salvan todos o no se salva nadie. El Papa nos invita a ver a las culturas diferentes no como enemigos de los que hay que cuidarse, sino como reflejo de la riqueza inagotable de la vida humana. Aprender a ver al otro, al migrante, al diferente como un don.
El Papa nos invita a un amor universal, que no es uniformidad, sino que sabe apreciar la riqueza que aporta cada uno. Nos invita a superar esos intimismos egoístas que nos cierran a los demás, a que nunca olvidemos que lo primero es el amor, lo que nunca debe estar en riesgo es el amor, que el mayor peligro es no amar. Nos invita a que veamos a los demás no como "socios" sino como hermanos.
El Papa nos sorprende con una reflexión muy novedosa sobre la parábola del buen Samaritano. Todos podemos identificarnos con esos que pasaron de largo y no hicieron caso al hombre herido en el camino. Nos invita a hacernos prójimos de todos, a comenzar de abajo y de a uno, pero no a hacerlo solos sino a comprender también la importancia del hospedero.
El Papa nos explica su visión del mundo. Un mundo en el que los sueños se rompen a pedazos, donde no hay conciencia histórica ni proyectos que incluyan a todos. Un mundo en el que impera la cultura del descarte, donde no hay derechos humanos realmente universales, lleno de conflictos y de medios, sin un rumbo común. Pero sobre todo, un mundo lleno de esperanza, en el que Dios sigue derramando semillas de bien.
¿Cómo leer esta encíclica? ¿Qué esperar? ¿Verdaderamente aporta algo nuevo? ¿No es otro discurso utópico del Papa Francisco? ¿Por qué ahora? ¿En qué me interpela a mí? ¿Realmente sirve de algo o simplemente son reflexiones bonitas? ¿Es posible una fraternidad universal?
Los católicos hemos fallado: hemos sido incoherentes, no hemos sabido dialogar, no hemos sabido dar respuesta, hemos juzgado a los demás sin conocerlos realmente... Es tiempo de asumir nuestra responsabilidad y hacernos cargo de nuestros errores. ¡Seamos Iglesia! ¡Seamos la Iglesia de Cristo!
¡Bienvenido! En este episodio te cuento quién soy y por qué pienso que es urgente que desarrollemos una visión realista de la actualidad, que no exagera ni tampoco ignora, y que de este modo podamos ofrecer al mundo una respuesta constructiva, siempre de acuerdo a nuestros principios y valores.
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