Tal vez nunca te has puesto a pensar en la necesidad de alabar y adorar a Dios, pero a lo largo de las Escrituras, el Señor nos instruye una y otra vez a adorarlo y a bendecirlo con nuestro cuerpo, alma y espíritu. La adoración y la alabanza no se trata acerca de nosotros, se trata de Dios y aunque es una expresión de gratitud, reverencia y amor hacia él, en nosotros el Espíritu Santo hace grandes obras mientras alabamos.