Los medios de comunicación y las redes sociales nos empujan a la búsqueda de sensaciones fuertes, como si ese fuera el sentido de la vida. Como si la vida no estuviera llena de sensaciones. Por el camino perdemos el valor de la emoción. De emocionarse por aquellas cosas aparentemente sencillas que hacemos por la única razón de que nos hacen felices a nosotros y a los que nos rodean