Hola, soy Juan Merodio. Imaginad por un segundo que estáis en un baile de máscaras. Todo el mundo lleva una careta exquisita, pulida, diseñada para agradar. Vosotros también lleváis la vuestra. Bailáis al ritmo que marca laorquesta, saludáis con la reverencia exacta y sonreís —o eso parece— en el momento preciso. Parece el escenario perfecto para sobrevivir, ¿verdad? Nadie destaca demasiado, nadie ofende, nadie molesta.
Pero, os voy a contar un secreto que muy pocos entienden realmente sobre las dinámicas de poder: en un mar de máscaras idénticas, el rostro descubierto no es una debilidad; es el arma más disruptiva que existe.